Recensión
El texto parte de tres sacudidas —la pandemia, el Brexit y la presidencia de Donald Trump— para mostrar que la Unión Europea se reconoce mejor en las decisiones concretas que en las grandes declaraciones. Desde ahí propone leer Galicia y Portugal como una proximidad económica que las antiguas fronteras ya no deberían paralizar.
Su fuerza está en el contraste práctico: Portugal intenta reducir burocracia y atraer actividad, mientras que Galicia mantiene fricciones administrativas y fiscales que pesan especialmente sobre las pymes. El Atlántico, la logística, Macao y la lusofonía aparecen así no como retórica identitaria, sino como infraestructuras posibles de cooperación y mercado.