Recensión
El artículo recupera la intención práctica de la Ley Paz Andrade: convertir la cercanía lingüística con Portugal y la lusofonía en capacidad de relación, internacionalización y acción institucional. Su interés reside en tratar la lengua como infraestructura de cooperación y no como un compartimento administrativo.
La propuesta sigue siendo actual porque exige pasar del reconocimiento simbólico a resultados verificables: formación, intercomprensión, conexiones empresariales y coordinación pública. La ley aparece así como un modelo pequeño, replicable y europeo de integración desde abajo.